El raro caso de un altercado en la Fórmula 1 es el séptimo en nuestra lista de grandes historias del deporte motor de 2018, con un airado Max Verstappen cuadrándose ante un desafiante Esteban Ocon en Brasil.

Cuando apareció el video de Max Verstappen encarando a Esteban Ocon después de la carrera de Brasil y empujándolo varias veces durante una acalorada conversación, muchas de las reacciones en los medios sociales fueron del tipo: “uno odia ver eso” y “esto es vergonzoso para la F1”.

Excepto que, bueno, no lo es y ustedes claramente, “ustedes” siendo en este caso el público en general, no consideran la velocidad en que este video fue compartido y el hecho de que muchos canales de televisión y periódicos mostraron “el empujón”. La verdad es que generó más valor para noticias de la F1 que la carrera misma, siendo otra victoria para su dominante cinco veces campeón.

Por supuesto que nada de eso es razón para celebrar un altercado físico, pero las acciones de Verstappen fueron lo suficientemente leves como para al menos ser aceptadas como una expresión de emoción que es parte del deporte. Específicamente, un deporte en el que por una razón u otra, ya sea por una extensa capacitación en relaciones públicas o por la misma naturaleza de sus acciones, tiende ocasionalmente a resultar muy reservado y reprimido.

Brasil fue ya de por sí una carrera bastante entretenida antes de que llegara la controversia, con Verstappen logrando superar la repentina batalla con los neumáticos de Mercedes y la lentitud en general de Ferrari para colocarse cerca de Hamilton, sobrepasarlo y separarse.

Pero no se separó lo suficiente como para que sus esperanzas de ganar sobrevivieran a un enfrentamiento con Ocon, quien apareció tratando de recuperar su vuelta perdida en la Curva 1 e hizo que el holandés trompeara, mandándolo detrás de Hamilton de manera permanente.

De todos los pilotos de la parrilla, tenía que ser Ocon, quien además de haber sido archirrival de Verstappen en F3, es también un empleado del mismo equipo de Mercedes, el cual se benefició de lo ocurrido.

Los rivales ya se habían quejado en Mónaco sobre la percibida influencia de Mercedes en la carrera de Ocon, pero tanto de Verstappen como de su séquito, en Brasil, nunca llegaron a implicar que hubiera una conspiración.

Pero eso no quiere decir que Verstappen no estuviera furioso. Hizo saber lo que pensaba sobre Ocon por la radio, lo buscó después de la carrera y, considerando que Ocon no mostraba el nivel de arrepentimiento requerido, le dio algunos empujones, antes de llamarlo un “m****a” en la conferencia posterior a la carrera.

Tanto él como el jefe de equipo, Christian Horner, quien de manera consistente respalda a sus estrellas, terminaron por sobrepasar la línea al sugerir que Ocon tuvo suerte de que el conflicto no hubiera llegado a mayores. Una afirmación nada deshonesta pero claramente innecesaria de parte del equipo de Red Bull, que también fue repetida por un tercero, el ex campeón de F1, Jacques Villeneuve, quien etiquetó al francés como “una vergüenza”.

Ocon mantuvo su inocencia y fue apoyado por el personal de Mercedes, Toto Wolff y Lewis Hamilton, pero la FIA estuvo del lado de Verstappen con el fallo inicial, dando a Ocon una penalización en carrera (a fin de cuentas sin sentido) y describiendo a su intento por recuperar una vuelta como algo “inaceptable”. También tomó acciones contra Verstappen respecto al asunto fuera de pista, asignándole una penalización de “servicio público”, aunque no queda completamente claro aun lo que realmente implicará.

Al final, nadie terminó viéndose bien. Ocon no, quien destruyó su de otra manera increíble récord del 2018 y eliminó de manera breve su porción de compasión que recibiría por el hecho de que de alguna manera no estará en la parrilla el próximo año.

Verstappen no, cuya conducción sensacional fue opacada por un estallido de agresión. El organismo rector tampoco, en este caso, con su sistema de penalización el cual demostró que no era el adecuado para este propósito y sus reglas de banderas azules demostrando ser demasiado rígidas o demasiado laxas, pero probablemente demasiado abiertas a la interpretación.

¿Pero a fin de cuentas, daño a la F1? Para nada.